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viernes, 26 de febrero de 2010

Supershit




Hacía un fresquito inusual para los días de septiembre a los que estaban habituados. Se introdujeron en una típica tienda pakistaní y buscaron algo para beber, más bien, para emborracharse.
-La Red Stripe está muy bien.

-¿Ah sí?

-Jamás había oído hablar de ella...

-Yo quiero una Fosters.

-Bueno, yo ya sabéis que no puedo beber...

-Pues una sin, ¿no?

-Sí, eso haré. Do you have alcohol-free beer?

-Nope.
Se recorrieron algunos pakistaníes más en busca de cerveza sin alcohol. Muchos de ellos jamás habían oído de su existencia.
-Bueno, pues me pillaré estas dos. Una es con mucha malta y la otra es rara.
Al rato, encontraron un lugar donde beber en la calle, que no era más que una acera oscura al lado de una alcantarilla.

-Mmmmm, pues no está mal. ¡Pruébala!

-Pues me sabe un poco rara.

-Joder, sabe a pura mierda.


We have to go back.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Retrospectiva veraniega


Verano intenso y de contrastes. Quizá por eso fue el mejor. Dormir en el suelo nunca fue tan confortable, si tienes la mente ocupada y llevas todo el día de aquí para allá. Me quejaba entonces, pero tenía su gracia comer cus-cus día sí, día también, observando a toda esa gente yendo de un lado para otro, a veces ociosos, y con un té en una mano y otro en la otra para ofrecerte. Más de una vez y más de dos se fueron por el desagüe, pero siempre se agradecía el gesto. Nos sentíamos bien con toda esa gente cerca, por su hospitalidad, su bondad y sus ganas de comunicarse, aunque algunos no supieran ni una palabra de inglés o francés. Te das cuenta de que hay mucha gente allí abajo, que quiere ser como aquí arriba, que pueden, pero que no les dejan...


Y de un día para otro... del sofocante calor marroquí al fresco y húmedo clima gallego, al que ya echaba de menos. Aunque a veces no quiera escuchar, me llama esta tierra, que todos los años sirve de reflexión y de desconexión para mi mundo. Solo unos días, mejor para todos. Volver a ese bosque donde varias veces sonó la misma canción en mi viejo Shuffle, unas para bien, otras para mal. Pero siempre vuelves y sabes que ya ha pasado un año. Y te abruma contemplar tan de cerca el paso del tiempo, tan patente en ese instante.



Y vuelves a Madrid y te espera uno de los mejores viajes de tu vida. Londres. Tanta belleza por encontrar solo en las calles, paseando, cámara en mano. Cortesía al más puro estilo inglés y tiendas exquisitamente decoradas donde lo que pagas es el detalle. Encanto es la palabra, y te atrapa. Me doy cuenta de que la suerte está ahí para ti, cuando menos lo esperas, pero no tanto como esperas ni de la forma en que te gustaría. Ahí la tienes, escondida. A veces aparece y te sorprende, pero luego se vuelve a ir.



¿La misma yo o tres distintas? Nadie es quién para decirte que has cambiado. Solo tú deberías saberlo, y sí, es imposible que no haya cambiado esta vez.

De nuevo vuelta a la rutina, intentando hacer la pre-matrícula si me deja el servidor. Y si no me deja... quién sabe. Quizá yo, mi cámara y Nueva York.



lunes, 27 de octubre de 2008

El suicida inglés



>>Los políticos discuten ahora si la gente tiene derecho a matarse o no. Desde luego: si la gente tiene derecho y razón para matarse en alguna parte del mundo, yo creo que debe tenerlos sobre todo en Londres, en este país de nieblas y de gente triste, del que decía Oscar Wilde: "No se sabe si son las nieblas las que producen hombres tristes, o si son los hombres tristes los que producen las nieblas". Precisamente, estos hombres tristes son los que se oponen a que la gente se mate. El suicida es casi siempre un optimista, un hombre al que la vida le parece muy alegre, pero que se considera incapacitado para disfrutar de ella; a veces por una enfermedad crónica y otras -las más- por falta de dinero.

-Ya que personalmente no puedo disfrutar de esta vida tan agradable -se dice el optimista-, donde hay tantos bistecs con patatas y tantas admirables pantorrillas, lo mejor es que me mate.


Pero los hombres tristes se oponen:


-¡Eh! ¿Qué es eso de matarse? ¿Se cree usted que se puede uno matar como se va uno de juerga? No, señor. Aguántese usted y viva.
[...]<<


Julio Camba. Londres.